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¿Cómo identificar si una persona sufre de dependencia emocional?

Dependencia emocional ¿Cómo identificarlo?

Relacionarnos con otras personas de forma afectiva es una de las necesidades básicas para todas las personas, estos lazos nos permiten a hacernos sentir bien. Sin embargo, cuando llevamos este sentimiento a un extremo donde no podemos marcar un límite y nos entregamos en exceso a una persona se puede llegar a convertir en un gran problema.

¿Qué es la dependencia emocional?

Fernando Botana, Psicoterapeuta experto de Árbol Alto define la dependencia emocional como “una necesidad afectiva extrema que una persona siente de otra”. Esto le lleva a someterse, idealizar y magnificar a la otra persona, sintiendo un apego enfermizo e incapaz de romper la relación aun cuando esto signifique no ser feliz o afecte de forma negativa a su autoestima.

¿Cómo podemos identificar a una persona con dependencia emocional?

Detrás de una dependencia emocional se esconden una gran cantidad de consecuencias, entre los principales podemos mencionar:

  • Temor al rechazo
  • Sentimiento de culpa
  • Baja autoestima
  • Sensación de vacío
  • Inseguridad
  • Depresión o ansiedad
  • Sentimiento de sometimiento
  • Dejar en manos de la otra persona el proyecto de vida o que tome decisiones
  • Búsqueda constante de aprobación

Estos son solo algunos de las consecuencias más comunes que una persona con dependencia emocional puede experimentar, pero somos conscientes que cada persona es distinta y puede reaccionar de forma distinta, ante cualquier duda lo mejor es consultarlo con un experto que pueda orientar de la mejor manera a cada paciente ante una ruptura o que permita transformar de forma adecuada la relación con otra persona.

Psicología Árbol Alto, centro de psicología y psicoterapia en Madrid, cuenta con un equipo multidisciplinario con larga experiencia que permite atender las particularidades de cada paciente para generar confianza y que evolucione de forma más adecuada.

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Consejos para empezar la nueva realidad cuidándonos más

¿Cómo podemos empezar a revalorar lo que nos rodea?

Piensa en las cosas que estás echando de menos en este confinamiento. ¿Estás echando de menos a una persona en especial? ¿Echas de menos a tus amigos? ¿Echas de menos la naturaleza, el deporte, la gente y el barrio o el pueblo?

Reflexiona un momento sobre las cosas que estás echando de menos en estos momentos, quizás te des cuenta de que no les habías prestado toda la atención que merecen. Es posible que estar confinado, detenido, parado, te esté dando la oportunidad de darte cuenta de en qué empleas tu tiempo habitualmente, del vacío que encuentras cuando no puedes seguir corriendo tras tus deseos. Es posible que durante este confinamiento te hayas encontrado con alguien al que casi no conocías porque estaba siempre enredado en pequeños asuntos hasta en sus horas de descanso, ese “alguien” eres tú.

  •  ¿Has contactado contigo mismo aunque sea a la fuerza?
  • ¿No te ha gustado lo que has visto?
  • ¿Te encontraste con alguien enfadado, triste, ansioso o con miedo?
  • ¿Te miraste y viste que eres más sensible de lo que creías? 
  • ¿Te diste cuenta de que dependes más de los demás de lo que pensabas?

Quizás después de estas reflexiones puedas valorar mejor esas nuevas percepciones que se están haciendo presentes durante este confinamiento.

¿Es importante que en la vuelta a la nueva normalidad sepamos como dedicarnos tiempo?

Cada uno de nosotros está experimentando las sensaciones que le provoca este nuevo estado de quietud, a algunos les provoca ansiedad e insomnio, a otros depresión, a otros alivio de poder parar la vida de estrés que llevaban, descanso, paz, relajación, oportunidad de pensar con calma.

Los psicólogos a veces tenemos tendencia a transmitir mensajes generales que sirvan para todos, a decir lo que hay que hacer en tal caso o en otro, por eso para responder a la pregunta «¿Es importante que en la vuelta a la nueva normalidad sepamos como dedicarnos tiempo?» Respondo que cada uno debe hallar su respuesta, habrá gente que descubra que al revés, que lo que tiene que hacer es dedicarle más tiempo a los demás, otros en cambio si, se darán cuenta de que están muy volcados al trabajo y a la actividad quizás huyendo de sí mismos y ahora se hayan dado cuenta que estar un poco solos es bueno para ellos.

Esta situación es nueva para todos, nunca la habríamos vivido de no ser por la aparición de este virus tan contagioso, nos ha puesto en un lugar difícil y lleno de incertidumbre, pero está claro que también es un lugar lleno de oportunidades para descubrir cosas que, de otra manera, no hubiéramos podido descubrir. Insisto lo aprendido no es lo mismo para todos, cada uno ha de recoger el mensaje que le deja esta experiencia.

¿Cómo podemos empezar a hacerlo?

Para responder me sacaré de la chistera de psicólogos una de esas respuestas que valen para todo:

  1. Darse cuenta de lo que necesitas (decía antes que no todos necesitarán dedicarse más tiempo a ellos mismos).
  2. Hacer una reflexión de cuáles son las posibilidades de realizarlo.
  3. Escoger una de las posibilidades (la que mejor haya valorado en su anterior reflexión).
  4. Poner en marcha eso que se ha escogido para llevar a cabo nuestra nueva necesidad, si no funciona ver qué ha fallado y escoger la siguiente posibilidad.
  5. Si funciona y nuestra vida mejora entonces celebrarlo para cerrar este proceso y seguir evolucionando como ser humano a partir de nuestras experiencias.

¿Cómo puedo demostrar a mis seres queridos lo mucho que me importan?

La respuesta va dirigida a esas personas que sienten y les cuesta expresar lo que sienten, pero también a esas que creen que hay que expresar constantemente. Hay palabras y hay acciones. Lo que en el refranero dice: “hechos son amores…. Y no buenas razones”.

Los hechos primero, son necesarios y, en muchos casos, suficientes. El afecto en forma de presencia no solo física, de estar presente con actitud de prestar atención al otro es lo primero y más importante.

Las palabras, las expresiones, segundo, nunca son suficientes y no siempre son necesarias, pero completan a los hechos.

Regla general: Hazte la siguiente pregunta: “¿Cómo me gustaría que me demostrara a mí que le importo?»

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Un cumpleaños diferente

Piensa un momento qué personas cercanas han cumplido años en estos días de confinamiento, seguro que te viene a la cabeza alguien. Habrá tantos tipos de cumpleaños en confinamiento como personas que cumplen años, ya sabemos que cada persona reacciona a las circunstancias según un patrón de respuestas adquirido sobre todo en la infancia y desarrollado en su vida adulta.

Pero seguramente podamos inferir algunas características comunes que el confinamiento pudiera a añadir al cumpleaños de cualquier persona. Por ejemplo la imposibilidad de reunirse físicamente con los seres queridos o amistades y compañeros, o la preocupación generalizada acerca de la economía familiar de cada uno, o el temor a enfermar y la tristeza por algún familiar perdido.

Hay muchas posibles situaciones que se pueden dar en los cumpleaños confinados, los habrá solitarios, deseados, tristes, alegres, ruidosos o silenciosos, la mayoría sufrirán por la distancia física de la familia y los seres queridos, incluso para las personas que no celebran normalmente este año no es un acto voluntario, es obligado estar solo, no es una elección.

Pero si hay un protagonista esencial en estos cumpleaños confinados al que nadie había invitado directamente, se trata de la comunicación digital, la videoconferencia, las pantallas omnipresentes. Antes de que este virus nos cambiara la vida de forma radical, las pantallas ya estaban presentes de una forma masiva en nuestra sociedad, su uso era muy generalizado pero tenía también un batallón de detractores que de alguna manera le ponían límite a la invasión digital.

Ahora la imposibilidad de contacto físico ha hecho de las nuevas tecnologías de comunicación un elemento imprescindible para relacionarse, sus detractores se ven obligados a sucumbir a ellas para sobrevivir y dejan de ser un dique de contención contra la invasión.

Las pantallas han triunfado, ya nada ni nadie puede ponerles freno, y los cumpleaños son un ejemplo muy visible de ello.

Nadie se cuestiona su uso con el confinamiento y mucho menos en el cumpleaños de la abuela, por poner un ejemplo. El abuelo que renegaba contra los teléfonos móviles ahora se ha vuelto un campeón de llamadas con imagen a sus nietos. El abuelo, junto con sus hijas y nieta, ha organizado la realización de un vídeo con grabaciones de más de 25 personas entre familias y amistades para el cumpleaños de la abuela.

Cumpleaños de la abuela 

El 8 de mayo fue el cumpleaños de la abuela (Lalá le llama su nieta) y no es un cumpleaños cualquiera, cumplió 60.

Preocupados porque semejante evento emocional no pudiera celebrarse como se merece, las hijas, la nieta y el abuelo pusieron en marcha la maquinaria digital para luchar contra la tristeza del confinado cumpleaños. Unos se encargaron de recopilar vídeos de felicitación de amigos o familia y otros de hacer un montaje con el material recopilado.

El trabajo comienza con algunos vídeos de los más allegados, estos pasan la voz a otros no tan allegados y poco a poco se va acumulando un material digno de una súper productora. Entre todos componen un vídeo conjunto que a la abuelita le transporta a una nube de sentimientos de afecto en una especie de embriaguez emocional nunca antes vivido.

“Es lo que tiene el confinamiento también” piensa el abuelo asombrado por estas escenas familiares de re encuentro que solo las nuevas tecnologías han hecho posible, y al mismo tiempo se acuerda del teléfono fijo antiguo que él usó durante tantos años y que era el único aparato para comunicarse que tuvieron en su época, “con ese aparato en este confinamiento no hubiera sido lo mismo”.

Tenemos la impresión de que esta crisis mundial del coronavirus nos está haciendo ver las cosas con algún matiz más transcendental, reflexionamos sobre la importancia de la compañía, de la familia, los amigos, sobre nuestras costumbres materialistas y consumistas, sobre la saturación del aire en las ciudades, el ruido, la unión de la gente, la solidaridad, los trabajos esenciales como los sanitarios, los trabajadores de la limpieza o los fruteros, nos dimos cuenta de que los vecinos existen y los miramos desde el balcón.

Sí, la estupidez humana sigue ahí, y volverá a imperar, pero tal vez algo de esta reflexión humanizadora quede entre nosotros.